
Defiendo la crianza natural, fomentar el apego, el colecho me parece una gran idea, dar teta a demanda y practicar el piel con piel y el porteo son de las mejores cosas que me ha dado la vida, respetar a mi hijo en sus tiempos, me ha hecho indudablemente crecer y resolver cosas que arrastraba desde que yo misma era una niña y seguimos así creciendo juntos. Me encanta compartir sus despertares, los matinales y en los que se abre a nuevas cosas en la vida, estoy feliz de haber escogido pasar más tiempo con él, pero….
Pero no a costa de cualquier precio, no a costa de que uno de los dos pierda, no a costa de pensar, que no decir ( una mama que practica la crianza con apego se prohibe a si misma decir) , la palabra sacrificio. Cuando un malestar se instala entre madre e hijo y aún antes, es tiempo de reordenar los tiempos y las cosas.
Esta tarde he disfrutado, realmente disfrutado de una reunión con una amiga, ambas dejamos el trabajo para poder estar con nuestros hijos, ambas teníamos intereses que no eran puramente laborales, un mundo creativo que iba más allá de lo laboral y nos transportaba a un lugar que nos hacía sentir vivas, todo o mucho quedó aparcado en aras de la maternidad y de la crianza con apego, no importaba otra cosa que no fuera criar a nuestros hijos con amor y respeto, dedicándoles el 100% de nuestro tiempo…..pero esta tarde, hemos quedado solas, sin niños.
Nada de malo tiene sentirse creativa y con ganas de hacer algo que no sea exactamente maternar. Absolutamente nada y sin embargo un halo de culpabilidad flota cuando una madre empieza a sentir que necesita tiempo, un tiempo en exclusiva, para retomarse ella misma.
Practicar la crianza respetuosa es genial, no podría criar de otro modo a mi hijo, pero veo constantemente a mi alrededor cómo las madres más respetuosas, más crianza con apego, más amorosas, se sienten culpables y bloqueadas, incapaces de reaccionar cuando la que necesita espacio, tiempo y respeto es ella misma.
Ahora lo veo desde el otro lado del espejo, porque previo a esto, lo pasé yo. Llegó un momento en que necesitaba, realmente necesitaba tener espacios privados, tiempos míos, en los que hacer o no hacer, pero que fueran sólo míos. Me sentí culpable, claro, pero de lo que me dí cuenta es de que no le hacía nada de bien a mi hijo tener a su lado una madre las 24 horas, pero que no era feliz, me iba difuminando, apagando, y un niño necesita a su lado una madre que le nutra, no una madre a quien nutrir. Aún así, me resistía, llegó el día en que no podía excusarme a mi misma y pusé en marcha la solución que tiempo atrás había vislumbrado y no puse en marcha por….. ¿ese “orgullo” tonto de yo puedo con todo?¿?¿?. Hablé con mi pareja, siempre ha sido un padre colaborador, le pedí tiempo, nos reorganizamos para que yo pudiera tener pequeñas islas de “soledad” y he de decir que la convivencia de los tres mejoró sustancialmente.
No quiero decir que esta sea la solución para todas las madres, lo fue para mi, cada una ha de encontrar el modo de hacer que el tiempo que pasa con su hijo sea eso tan trasnochado de tiempo de calidad.
Quizás seas una madre que está feliz y completa pasando las 24 horas del día con tu hijo, quizás no necesitas tiempo propio, genial, disfrútalo, pero si no es así, si no te sientes bien, si de repente empiezas a buscar culpables de tu mal humor, quizás sea tiempo de replantearte cosas.
Una madre amorosa, pro crianza con apego no deja de serlo por necesitar y procurarse lugares propios, en la crianza con apego prima el respeto, el respeto hacia el niño, pero yo añado que ese respeto ha de ser necesariamente extensible a la madre, una no puede dar amor cuando lo que siente es otra cosa, es cien mil veces más respetuoso con nuestros hijos, dejarlos un tiempo en otras manos, en vez de atarlos a las nuestras cuando lo que sentimos es crispación. Unas horas de “separación” pueden obrar milagros, retomar a tu hijo desde el amor que de verdad sientes por él no tiene precio. Sentir que te respetas a ti misma tampoco.
Hace unas semanas asistí a un taller maravilloso de Cristina Romero “Practicantes de sueños” en él nos pasó unas afirmaciones, nos dijo que marcáramos aquellas que nos “chirriaran” y me pareció realmente significativo que a todas las madres les molestara una de ellas, era esta :
“Soy la más importante de mi propia vida”
A priori, sin ir más allá, es de lo más normal que a una madre le moleste y ponga en primer término a su hijo, ¿no?. Pero si hacemos eso, lo estamos haciendo mal, porque si nosotras fallamos, si nosotras dejamos de ser, nos entregamos tanto que desaparecemos, si dejamos de nutrirnos para nutrir solo a ese precioso niño que nació de nuestras entrañas, entonces, ese niño, antes o después se quedará sin madre, y ese sin madre no quiere decir que nos vayamos a ningún lado, ni que muramos de inanición, pero hay muchos modos de estar sin estar, de ser una presencia física que no aporta, que no da.
Yo voto por estar, por amar, por correr, reir y compartir, y si no sé hacerlo 24 horas, quiero hacerlo al 100% 22 horas, o 20 o las que sean. Quien sabe quizá algún día sepa estar las 24 horas, pero de momento…..
Me gusta:
Me gusta Cargando...