La vida sencilla

paseo by Albertomontes

A menudo vamos demasiado deprisa, sin saber porqué, pero deprisa, cuando hace “falta” y cuando no, por costumbre al final. Una de las cosas buenas de la baja maternal es que te coge de un brazo y te para.

Los primeros meses con un bebé en casa son realmente agotadores, lo volvería a pasar mil veces, porque además de agotadores estan llenos de la satisfacción más grande que hasta ahora me ha regalado la vida. Pero sí, no mentiré, es muy cansado, tanto que se te confunden los días, y cuando ha pasado una semana tienes la sensación de que un mes te ha pasado por encima. Los días se llenan de miradas, de la busqueda de una sonrisa, sea por reflejo o no, tú lo que quieres es una sonrisa, una interacción con tu hijo, de tomas largas con la teta fuera todo el día, del dolor en los pezones que afortunadamente pasa rápido, de pensamientos sobre cómo será ese bebé cuando ya no sea tan bebé y de felicidad, una inmensa felicidad que te inunda hasta el ultimo poro de la piel.

Y junto con eso, o mejor, a consecuencia de eso, tus ritmos cambian, lo que era tan importante, tan urgente pasa a un segundo, tercer, cuarto, ningún plano, porque tu ritmo de repente es el que tiene tu bebé, y los bebés son realmente anárquicos, van “a su bola”, no existen convencionalismos, ni horarios, ni quedar bien; toman la vida como viene, si tienen sueño duermen, si tienen hambre y te has despistado, reclaman, que algo les molesta lloran, no importa donde estén, ni con quien. Así que dejas tu anterior vida de lado y te acoplas a su ritmo, a esa pequeña vida, que ya cuidas más que la tuya propia, y su sueño está lleno de tus miradas y de tu propio sueño, satisfacer su hambre requiere tranquilidad y tu se la procuras, junto con más miradas de autentico enamoramiento, en las que mueres de satisfacción cuando abre sus ojitos y te mira mientras se alimenta de tu cuerpo.

Y entonces un día sales a pasear después de pasar un par de ellos en casa porque la lluvia no os dejaba hacerlo y descubres qué bonita es la luz del atardecer y que buena pareja hace con tus pasos lentos sobre la tierra, acaricias a tu bebé que llevas cargado en un fular en contacto con tu cuerpo, con tu respiración, y tus latidos y te das cuenta que de nada servía correr, que la felicidad se palpa solo en la vida sencilla.

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