Nada gana, quien nada arriesga

Está claro que el mundo es de los que se atreven a coger lo que les pertenece. Sólo que el miedo nos ata las manos demasiado a menudo.

Resulta que encontré mis excusas salvaconciencias, una era el dinero, la falta de él más bien y la otra que no quería machacar a mi compañera. El miércoles tenía la reunión semanal en el grupo de lactancia y  salí más dudosa de lo que entré, de vuelta de la reunión pasé por casa de mi cuñada y me desmontó las dos, aunque no quise reconocérselo.

La falta de dinero me dijo que la suplía ella, me lo prestaba y la otra… bueno, me dijo que si no me daba cuenta que estaba supeditando el bienestar de mi compañera por el de mi hijo, claro, visto así, es evidente que no tiene ningún sentido. Aún así, seguía en mi lucha.

El miércoles sin dormir, dando vueltas y más vueltas, a una decisión que solo tenía una salida.  El jueves más de lo mismo y un mail que me hizo sacar fuerzas de donde siempre las tenemos guardadas, todas las mujeres, todas las madres tenemos siempre una reserva extra de la que no nos acordamos hasta que hace falta.

Tenía que hacerlo, tenía que pedir una excedencia, un par de meses, por lo menos un par de meses, para que mi hijo ya tuviera al menos 6 meses al entrar en “la llar d’infants”, 6 meses de lactancia materna y a demanda, de brazos de mamá, de sonrisas en exclusiva, de llantos también acunado contra mi pecho, y de amor, mucho amor.

Tenía que hacerlo por mi hijo, por mi, y tenía que hacerlo por todas las mujeres que en mi empresa piensan tener hijos y no se atreverán a pedir una excedencia porque nadie lo ha hecho antes, y tienen miedo a las consecuencias. Porque ya es hora de que ejerzamos los pocos derechos que nos asisten a las madres, y de que empiece a ser normal pedirlos.

Así que creo que podremos apañarnos sin mi sueldo durante dos meses. Mi compañera es un cielo y no solo me ha apoyado en mi decisión, sino que me ha dado un empujoncito más, a pesar de que se cargará con trabajo extra porque la empresa  apenas le dará una mínima ayuda.

El miedo nos bloquea, no nos deja pensar.. ¿pero sabeis qué? no hay nada mejor que vencerlo, tomar una decisión, levantarte por la mañana, ir al trabajo con la frente bien alta dispuesta a enfrentarte al gigante y darte cuenta que el gigante eres tu.

Os invito a todas a ejercer vuestros derechos.

Vamos, que nosotras podemos, todo lo podemos, eso creen nuestros hijos y  ¿sabeis qué?:  es verdad.

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