Nacer y renacer

Hoy hace un año, un veintiseis de Octubre recién estrenado con solo 26 minutos de vida, traía consigo a mi hijo.  Nacía él y renacía yo, aunque todavía no era consciente de eso.

Lo veo dormir, aqui tendido a mi lado, siento su respiración, su latido que tantas veces he buscado en las noches desde que nació temerosa de perderlo, lo miro y no puedo evitar que las lágrimas acudan a mis ojos y rueden libres por mis mejillas, ese llanto liberador que tantas veces he disfrutado este año, en el que todo, irremediablemente todo, gloriosamente todo, ha cambiado.

Es perfecto, mi niño es perfecto, como todos, ni más ni menos que todos, pero este es el que nació de mis entrañas, al que arrulló mi paso, mi corazón, mi alma, durante nueve meses, al que acaricié a través de mi barriga hermosa y tensa, lloro porque en él me he recuperado a mi misma, a la niña que fuí, a la adulta que se sentía perdida.

Mentiría si dijera que todo fue sobre ruedas, no, no fue así, no fue un parto bonito, sino una cesárea de la que me he perdonado, porque gracias a ella hoy la maternidad, el deseo de ayudar a quienes gozan de esa experiencia forma parte de mi, la lactancia no empezó de un modo suave y placentero, lloraba de dolor sin saber porque aquello que debía ser tan fácil, me resultaba tan difícil, pero gracias a eso, hoy soy asesora de lactancia, así que bien está, y aún así, no podía imaginar otra forma de vivir la maternidad que no fuera dando el pecho, y mi niño y yo encontramos la manera de recuperar el tiempo perdido en aquellas primeras y cruciales horas después del nacimiento, para enamorarnos y alimentarnos el uno del otro, y ahora seguimos disfrutando los dos, ahora sí, disfrutando de una lactancia que se prolongará en el tiempo lo que nos apetezca a ambos.

No fué un principio ideal, pero fue el nuestro, y a pesar de todo, yo no encontré pesares, no había dolor, ni molestias, ni nada, no había nada, solo mi hijo, yo  y su padre, y una felicidad inmensa que lo cubría todo, una felicidad que sobrepasaba cualquier barrera, que me daba la fuerza para enfrentarme a quien fuera, porque mi hijo me necesitaba, porque de repente yo era tan importante para alguien que no podía defraudarle. Le miraba y no entendía cómo habiamos sido capaces de crear algo así, era el niño más maravilloso del mundo, el nuestro. Miraba a su padre y solo podía susurrarle una palabra: Gracias. Nuestra relación empezó a tener otra dimensión, no diré que nos amaramos más, pero si que desde entonces la siento más sólida, más asentada.

Dicen que cuando un parto es por cesarea una no siente la subida de oxitocina, no sé lo que yo tenía en sangre, no sé que  me pasaba, pero estaba borracha de amor, de agradecimiento…. y un poco así sigo🙂.

Ha sido un año intenso, mágico, he visto crecer a mi bebé, celebrando cada progreso y teniendo la fortuna de ser testigo de cada avance, el día que cogió el primer objeto, queriendo cogerlo nada de un encuentro casual, llamé a su padre por teléfono para celebrarlo, hemos asistido maravillados a sus primeras experiencias con la comida, el dia que probó el arroz, el que se rebozó toda la cara de plátano, sus intentos de gateo nos hicieron sonreir, y el día que lo consiguió nos miró feliz de poder desplazarse, aii allí empezaron sus pinitos de independencia, que me hicieron sentir feliz de su recién estrenada autonomía y me recordó que cuando amas es importante dejar libertad para ir y venir a placer. Enseguida llegaron los primeros pasos, él solo, sin manos de adultos, él solo, pensé: lo estamos haciendo bien, es independiente, busca ayuda cuando la necesita y cuando no, él solo, y volví a pensar que amar es dejar ir. Ha sido un año de sonrisas, de risas, no recuerdo una época tan larga en mi vida de tanta felicidad.. para los escepticos, solo para los escepticos diré que sí, también han habido agobios, cansancio, algunas veces falta de paciencia, pero aún así, este ha sido un año de inmensa gloriosa felicidad.

Hoy, ha esta hora 12:26, nació mi hijo y renací yo. Porque la que ahora escribe poco tiene que ver con la mujer que se dejó ser gris durante años, y me sabe hasta un poco mal decirlo, pero yo apenas he hecho nada, los nueve primeros meses de vida de mi hijo, me los pasé en un estado de gracia casi permanente, en los que descubrí a una mujer feliz, hermosa, dichosa en su cuerpo, generosa de verdad, sin pedir, sin esperar, una mujer que me gusta mucho, eso fueron los nueve primeros meses, ahora soy yo la que después de haber estado en el paraiso se resiste a volver al mundo y aprende a ser mejor un poco cada día. Porque junto con ese bebé precioso me nacieron las ganas de ser mejor persona para que tuviera la mamá que merece.

¡¡ Feliz cumpleaños mi amor, bienvenido de nuevo a nuestras vidas!!

Raquel Tasa

8 thoughts on “Nacer y renacer

  1. Hola!!

    Llego a tu blog por primera vez y, aunque un poco tarde…enhorabuena por ese primer añito!!! y enhorabuena también por tu blog, le he estado dando un vistazo y me ha parecido una preciosidad!! intentaré ponerme al día con algunos posts antiguos!

    Aprovecho tambien para invitarte a conocer mi blog http://creciendocondavid.blogspot.com/

    Espero que te guste!

    Un fuerte abrazo. Es un gusto leerte!

  2. Muchas felicidades, Raquel!!!

    Tu texto es precioso, a mí me pasó exactamente lo mismo.

    Los primeros meses y años, simplemente estaba en una nube. No me costó ningún esfuerzo, yo simplemente flotaba!!!

    Un abrazo grande a los tres!!!

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