Recuerdos de otras navidades

Estas son las segundas navidades que pasamos acompañados de nuestro hijo, todavía es muy pequeño, todavía no las disfruta pero presiento unos años en los que volverá a nosotros a través de sus ojos ilusionados la magia de esas otras que disfrutamos en nuestra infancia.La Navidad ya no es lo que era para mi, hace años que no me ilusionan, que no significan apenas más que días de fiesta en el trabajo, pero hubo otras navidades en las que todo era diferente.

He estado leyendo artículos sobre juguetes, cuáles son los más adecuados a cada edad, cuáles los mejores, he vuelto a ver como cada año cómo se llenan los centros comerciales los últimos días y cómo los coches se cargan con montañas de juguetes, mañana como cada año, volveré a ver los contenedores a rebosar de papeles de regalo, cartones y cajas en los que toda la familia ha puesto la ilusión de ser el que más le guste  al niño de la casa.

Y en medio de esta vorágine regaladora, vuelvo los ojos a mi infancia y me pregunto a mi misma, cual fue el regalo estrella, qué es lo que recuerdo de mis navidades, cuando las navidades estaban teñidas de ilusión…. no recuerdo ningún regalo en especial, ni siquiera la bici que entonces era un regalo diez y seguro que me gustó muchísimo, no, no recuerpo ningún regalo en especial, pero sí que mi mente y mi corazón vuelven una y otra vez a las luces de Navidad.

Cada año mi padre me cogía de la mano y me llevaba a la ciudad, me llevaba a “vamos a ver los mejores árboles de Navidad, los más bonitos”,  y caminábamos juntos, sin prisas, mi pequeña mano envuelta en la suya cálida, y la otra presta a señalar aquella cenefa especialmente bonita, o aquella estrella brillante en lo alto de un árbol enorme, nos mirábamos sonrientes, con la cara helada y su mirada brillante de ilusión me devolvía la mía propia emocionada. Nunca tenía prisa, nunca era demasiado pesada, ni tonta, ni lenta.

Cada año otra noche navideña mi padre me llevaba a ver los puestos de Gran Via, y cada año me compraba carbón, aunque me decía, ya sé que has sido buena.

Cada año una de las mañanas de fiesta nos ibamos juntos a una matinal en las Ramblas a ver una peli de dibujos.

Y las luces, sobre todo las luces, de las que nunca me cansaba.

Ahora que soy madre, me doy cuenta de cuanto amor había en aquellos paseos, mi padre no era un hombre ilustrado, no había leído libros de crianza, pero jamás puso problemas en que me arrebujara en su cama entre los dos las mañanas de domingo, ni se enfadaba por los despertares bruscos y juguetones, siempre encontré su sonrisa. No, mi padre no era un hombre especialmente ilustrado, pero sabía que lo importante era el tiempo. El tiempo y la mirada.  y algo debió de estar muy bien en aquellos paseos cuando mis recuerdos de navidad se basan en ellos.

Miro a mi hijo, ahora dormido a mi lado y quisiera hacerlo tan bien para él como lo hizo mi padre conmigo, darle mi tiempo, mi tiempo sin prisas de adulto, sin interferencias, sin menosprecios, devolverle aquella mirada complice, ilusionada, de adulto que se vuelve un poco niño y que a la vez sigue siendo el protector, el más fuerte, el mejor. Quizás porque se deja ser niño y se da sin reparos, sin miedos.

Él nos tendrá a los dos, caminará pisando fuerte entre sus padres, y pararemos las veces que quiera y nos sorprenderemos con sus sorpresa y dejaremos que nuestros ojos vuelvan a brillar en los suyos y de nuevo será Navidad también para nosotros.

Gracias papá por regalarme tu tiempo y esas miradas que fueron siempre solo nuestras.

Feliz Navidad a todos los “niños” del mundo.

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Ese antiguo compañero llamado deseo

A mi el parto me ha cambiado, ya nunca tengo ganas, además algo ha debido quedar mal por ahí, porque ni siquiera lubrico, y claro así, todavía apetece menos.

Hace poco una miga con un precioso bebé de ocho meses, me comentaba esto, y antes que ella otras mamás más o menos recientes me hacían confesiones parecidas y antes que ellas, yo también me preguntaba a dónde se había fugado mi deseo.

¡Bienvenidas al puerperio!. Noooo si ya hace mucho más de cuarenta días que nació mi hijo, sí, sí, lo sé, por eso no digo cuarentena, sino puerperio.

Cuando te hacen la revisión de los cuarenta días, te dicen que ya puedes tener relaciones sexuales, incluso te preguntan si usarás anticonceptivos y si lactarás, porque en ese caso, no todos valen. Y tu te quedas con el : Ya puede tener relaciones sexuales, como si eso fuera el pistoletazo de salida a tu “antigua vida sexual. Lo que no te dicen en esa visita es que si das el pecho probablemente no te apetezca un pimiento tener sexo y en caso de apetecerte seguramente no lubrificarás lo suficiente y así te quedas después confundida, en ocasiones un poco culpable y sin ganas de más.

Y claro, como de sexo no hablamos más que para lucir nuestras proezas, y mucho menos dentro del contexto de la maternidad, muchas madres empiezan a vivir esta etapa tiñéndola de dudas e incomprensión. No debemos olvidarnos de que la naturaleza es sabia y protege a sus pequeñas creaciones. Somos mamíferas y lo somos porque tenermos mamas y estamos “programadas” para amamantar a nuestros bebés, la hormona de la lactancia es la “prolactina”, esta hormona de amor maternal hace que tengamos leche y que nuestra atención se centre en el bebé, nos vincula con él, también inhibe la producción de dos de las hormonas habituales en la mujer estrógenos y progesterona, y en consecuencia el deseo sexual, y como efecto secundario la lubrificación vaginal, son escasos e incluso inexistentes.Porque durante ese periodo la naturaleza requiere que no vuelvas a quedarte embarazada para que toda tu atención esté  en el bebé.

Pero, seamos sinceras, así, entre nosotras, sin que nos oigan, en el fondo el sexo te interesa un carajo ahora mismo. Oh si, claro por supuesto, te sabe mal por tu pareja, eso es cierto, la verdad que para ellos debe ser un rollo, porque ellos están, están donde los puso la naturaleza y su pulsión sigue siendo la de procrear y para procrear hay que practicar sexo.

Así que aqui estamos nosotras, y allí estan ellos. Bien, pues acerquémonos.

No es esta la época en la que volverás a ser una fiera en la cama, pero sin duda te apetece sentirte querida, amada, bonita, te mueres porque él te diga que le gustas, que la maternidad te ha dado un “plus”, y te vé ahora más mujer, más femenina, incluso más sexi. Te encantaria que te rodeara con sus brazos y te acariciara suave, sin presiones, sin más, pues DÍSELO, hablale de tus necesidades, de como es ahora todo en tu cuerpo. Y dile que las cosas no volverán a ser lo que eran, pero que sin duda mejoraran pasado un tiempo, y dile, que le sigues viendo guapo, que te alegras de haberle elegido como compañero, dale las gracias por todos los vasos de agua que te ha puesto a mano mientras amamantabas a vuestro bebé sin que se lo pidieras, por cada detalle, por cada gesto que el cansancio no te ha dejado agradecer con un beso, dáselos luego, a destiempo, porque si, él también agradecerá ese reencuentro con la mujer que ama. Dile que te sigue gustando, que es el mejor padre que podrías desear para vuestro hijo, ellos también necesitan muestras de afecto  y puede que así poco a poco os vayais reencontrando como pareja.

Creo que en las clases pre-parto se debería dedicar un apartado a este tema. Sería genial, que otra persona, una profesional, con ambos delante lo dijera, le explicara a tu chico que de cuarenta dias nada, que vaya contando unos dos años, y que eso no significa que hayas dejado de quererlo, pero que ahora toca esto, y esto es el precioso niño que os ha nacido.

Así que dejaros de tonterias y aprovechar el embarazo, que durante el embarazo no solo no pasa nada, sino que es además beneficioso. 🙂