Maternar con amor

Fotografia de Bru Rovira de su exposición Maternidades.

Artículo originalmente incluido en el número 6 de la revista Madre Tierra

El amor no está de moda. Lo pongo en primer término porque después de tiempo pensando, la gran conclusión a la que llego es esa, en genérico y en particular, en las cosas grandes y en las pequeñas : el amor no está de moda.
Nuestras vidas se aceleran, buscamos respuestas rápidas, placeres rápidos, comidas rápidas, todo rápido. Substituimos los libros por las películas, las películas por las series, las cartas por los e-mails, los e-mails por los mensajes, no nos da tiempo a pensar… ni a vivir. Siempre quedan cuatro, a la sociedad siempre le parecen cuatro, que reivindican el “slow” como forma de vida, son los raros, los diferentes.
Pero volviendo al amor, y a su falta de vigencia, os diré que uno de los motivos por los que el amor no está de moda, es porque el amor requiere de lentitud, se precisa ir poco a poco, para saborear el instante, el paisaje, a la persona, o a tu hijo. No se puede maternar amorosamente en la vorágine en la que nos empeñamos en vivir. Un recién nacido, un niño durante sus primeros años requiere de la presencia de su madre, en especial de su madre, no sabe de horarios de adultos, se rige por los suyos propios, y lo suyos no son caprichos, funcionan en base a necesidades: Hambre, sed, contacto, seguridad.
Hemos sustituido el amor por el miedo, miedo a no saber. El miedo inhibe el amor, lo amordaza.

Miedo a no saber, las madres dejan de escucharse y escuchan a cualquier otro, compran libros, van a un pediatra, a otro, a un grupo, a otro , buscan, buscamos soluciones fuera, no nos escuchamos. No nos creemos a nosotras, necesitamos que cualquier otro nos valide. Nuestra civilización ha sobrevivido millones de años, y durante muchisimo tiempo no hubo libros de crianza, ni pediatras, ni señores que escribieran libros basándose en no se sabe qué.  Durante millones de años, las madres escuchaban a sus hijos y maternaban con amor, y muy mal no les debió ir, porque aqui estamos, nuestra especie no se ha extinguido.

Escribo esto, porque estos días he estado paseandome como antaño por librerias, y me ha sorprendido ver la cantidad de libros que hay en los que se habla de los niños no como seres humanos con derechos, sino más bien como pequeños monstruos que nos hacen la vida imposible, y a los que hay que doblegar rapidamente a nuestros deseos. A esos mismos niños cuando sean adultos, probablemente se les recrimine su falta de iniciativa, su pasotismo, su dejadez, y probablemente entonces ya estemos tan convencidos de nuestros propios argumentos que no entenderemos el porqué.
Ser padres es una labor en ocasiones agotadora, es cierto, te lleva hasta tus propios límites, te pone en contacto con lo mejor y lo peor de ti, te traslada una y otra vez a cómo te criaron a ti. Venimos de una generación en la que no hemos sido demasiado respetados, no digo maltratados, que los habrá, pero venimos de la generación en la que el conductismo, el dejar llorar, el biberón para ser libre, eran la norma y lo que estaba bien. Que ser padres sea agotador, no es excusa para dejar salir tus peores instintos sin hacer nada para mejorar, que al fin es mejorarte. Nos gastamos mucho dinero en psicólogos, talleres transcendentales y no aprovechamos lo que tenemos tan al alcance de la mano :nuestros hijos. Un niño es un camino abierto a uno mismo.

Las madres saben, a pesar de los pesares, a pesar de lo que digan los libros, a pesar de que ese libro tan bueno, te diga algo que te enferma y tras el llanto enferma a tu hijo, las madres sabemos que hay otro modo, un modo amoroso y digno para maternar, a menudo veo que las madres se esconden, que dicen en voz bajita o no dicen los mimos que les dan a sus hijos, de nuevo el no estar de moda, el miedo a ser juzgadas, a no seguir las pautas del libro.
Me consta, intuyo, que el gran exito de libros que promocionan que el llanto del niño no importa (raro es, que no haya libros que digan que las lágrimas del adulto son absurdas y que no hay que atenderlas), tienen un gran público, mucho más público (aún) que los libros que hablan de maternar con amor, crianza respetuosa, intuyo decía, que trás ese gran exito de este tipo de libros, se parapetan miles de padres y madres deseosos de hacerlo bien, que angustiados necesitan que validen su poca paciencia en ocasiones (quien no a perdido los estribos alguna vez), pero la solución nunca es cerrar los ojos o una puerta por la noche para no oír, la solución empieza por escuchar ese llanto, dejar que se te revuelvan las tripas y desde ahí emprender  un cambio profundo, que en ocasiones desbarata las casas para reconstruirlas de nuevo, la solución casi siempre es : tiempo. Tiempo y disponibilidad son las grandes claves para maternar/paternar.

Raquel Tasa
14 de Diciembre de 2011

 

2 thoughts on “Maternar con amor

  1. Solo el simple hecho de dar calor materno a una criatura tan pequeña, ya es un milagro caido del cielo. Actualmente, con el estrés que llebamos todos, muchas veces olvidamos este aspecto tan primordial y tan necesario para que un niño crezca con la ternura de sus padres.

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